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Circulo de Té: Experiencia Ge Lang He y la contradicción armónica

Como todos los dichos populares, aquel de “el que a dos amos sirve con alguno queda mal” es una verdad que, afortunadamente, no alcanza a ser absoluta. En eso pienso cuando me imagino, allá entre la neblina, lejos de la sabiduría de los refranes, a salvo del lugar común, creciendo entre dos montañas, a Ge Lang He, un té Pu er que desafía la simpleza.


Los tés, como los vinos, obtienen sus características y su personalidad del lugar específico en el que se cultivan. En la provincia de Yunnan se encuentran las montañas Nan Nuo Shan y Pa Sha, y los árboles de té que crecen en cada una producirán hojas con caracteres distintivos; sin embargo, Ge Lang He, en un arranque de rebeldía, decidió crecer en la región del mismo nombre que se encuentra a medio camino, como si no hubiera podido resistir la avaricia de abrevar de los colores de ambas montañas; todo eso cabe, como un secreto bien guardado, en la pequeña moneda de té comprimido que tintinea en el gaiwan.


Hay un fenómeno en el arte, la contradicción armónica, que designa una ruptura deliberada de las reglas, como la disonancia en la música o el desafío a las proporciones equilibradas en la escenografía de una obra teatral; se trata de suspender los patrones convencionales para crear un efecto, no de
armonía, sino de una belleza desobediente. Ge Lang He me recuerda este principio, no solo por su ubicación rebelde sino porque, también en las notas que aparecen en boca, juega a la contradicción: por un lado, desde la primera infusión en el gaiwan emergen las notas vegetales que recuerdan al
verde que fue antes de ser añejado, así como unas profundas notas florales, pero también, una vez que el licor dorado recorre la lengua, aparece un dejo ligeramente amargo, como la sonrisa de un niño travieso. Es este un té que renuncia a la predictibilidad.


En ese mismo espectro de contrastes, Ge Lang He suma otro a su cuenta: mientras que las hojas y los brotes que se usan para su elaboración crecen en una zona montañosa donde reina el frío, el proceso de secado requiere una cantidad abundante, agresiva incluso, de sol. El resultado es su perfil redondo,
categórico, que hace pensar en —todavía una contradicción más— la juguetona elegancia de los mejores tés Pu er.
Algo más que decir sobre este té, como nos cuenta Shunan Teng en el Círculo de té durante el cual lo probamos, es recordar el secreto de su añejamiento: entre los tés de alta gama como este, el verdadero añejamiento, nos recuerda Shunan, no es el que ocurre en los lotes de té ya procesados que se dejan al
paso del tiempo, sino en la edad de los árboles que los vieron nacer. En ese tenor, Ge Lang He es un té de árboles añejos, que hablan fuerte y claro, con una voz aterciopelada y floral, en las gotas que salen del gaiwan.


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Por Adrián Chávez

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