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Círculo de Té: Experiencia Qing Xin

Hace un tiempo, vivimos nuestra primera experiencia en el Círculo del Té. Rememorados en este camino guiado por la experta Carolina Levy y las zonas de alta montaña, descubrimos una de las mejores cosechas de otoño del 2019. Se trataba de un microlote sumamente especial, inconfundible entre las hojas del té de especialidad.

Con un genuino lenguaje se abrió el diálogo profundo entre las hojas de Qing Xin “corazón verde”, uno de los tés wulong con mayor antigüedad.

Justamente en tierras rodeadas por el mar, al otro lado del cielo, se encuentra Nantou, Taiwán. Un condado de zonas montañosas a 1800 msnm que, uniendo sus relieves, tal cual paisaje figurando el paraíso, formaba el camino desde las profundidades terrestres, conectando con el cielo y su inmensidad.  

Basta con observar cada detalle en el enrolado ligero de sus hojas para descubrir el origen de aquella raíz. La raíz de una planta que ha dispersado su vida entre unas cuantas manos que hoy son sobrevivientes de su propia historia. Los encargados en perpetuar la vida de este té pertenecen a la minoría Seediq Bale, habitantes originarios de la Isla de Taiwán.  

El servicio comenzaba. Tres hojas y un retoño abierto se desenrollaban con lentitud entre nuestro servicio de té que simulaba ser la niebla de unas nubes que pidieron bajar del cielo y cobijar, entre cristalinos destellos de agua, cada brote de tierra que llegó a nuestro gaiwan. Dulces y suaves orquídeas de fragantes pétalos nos pusieron a imaginar ese escenario que nos conectaba, como los tallos creciendo entre la tierra, a la majestuosidad del campo de alta montaña.

El té Wulong Qing Xin fue despertando. Sutilezas de primaveras atemporales, representaban la nostalgia de esta cosecha de otoño que, en el pasado, encapsuló su vida en las altas temperaturas del wok. Aquellas manos que desde hace cuatro generaciones crearon la danza perfecta del ambiente, navegaban entre vapores calientes que se escapaban entre las comisuras del bambú. Todo daba justicia a la memoria: los elementos, las herramientas y el diálogo de su lejana procedencia.

La primera infusión, nos recordaba las mieles de esos frutos: nectarinas, duraznos y por supuesto fragantes flores. Estos sabores enlazaban el dulce consuelo de la nostalgia.

Cada aroma se complementaba con sus sabores umami, la frescura en nuestra lengua, era la corriente de un río abundante creado en nuestra boca. La saliva envolvía nuestras papilas gustativas como ningún otro té. 

Presentaba un cuerpo ligero pero su genuino carácter florecía en la garganta. Pocos son los tés que abren en nuestra garganta tales sabores, figurando sensaciones de amplitud a la par en la evolución de cada infusión, y Wulong Qing Xin, entre retrogustos a vegetales dulces, logra llevarnos haciéndonos parte de este valioso escenario.

¿Qué otra cosa podría representar el corazón de este té sino es la maestría ancestral humana de la minoría Seediq Bale? 

El privilegio ancestral de que estas hojas se encuentren en nuestro presente, es incomparable, pues sí miramos un poco hacia atrás, en la batalla por mantener la vida, se encuentran las raíces de Camellia Sinensis… el wulong corazón verde que será, por siempre, la voz de los que ya no la tienen.

Reseña realizada por Ely Gaeta 

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