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Círculo de Té: Experiencia Wulong Rojo

Un té rojo puede llevarte por un dulce viaje al sendero infinito de las fructosas más exquisitas que pueden existir en la tierra, pero ¿Qué pasa si el corte y terruño de las hojas son particulares de otra categoría como la de un wulong? Esto puede ser motivo de duda al momento de probar para un paladar que guste fielmente entre una y otra categoría de té, pero si la pregunta del “¿qué pasaría si…?” te viene a la mente mientras lees esto, te asombraría saber que ese estilo de té existe y nos referimos al Wulong Rojo que ha sabido a bien representar a la provincia de Taichung y conforma una de las especiales selecciones de Plantation.

Anteriormente, tuvimos la oportunidad de encontrarnos en nuestro Círculo de Té mensual, degustando esta interesante versión hibrida entre wulong y té rojo desarrollado por la pequeña granja orgánica de Lian A Na, una innovadora matriarca que, en colaboración con la Estación de Investigación y Extensión del Té en Taiwán, vería surgir una nueva versión de este varietal inexistente hasta antes del año 2008. Un estupendo hallazgo para aquellos paladares que gusten de los sabores poco convencionales.

Las hebras secas son como pequeñas semillas esféricas que, al iluminarse con el sol, parecen germinar germinar. El brillo de colores morrones y rojizos, centellean ligeramente en cada borde de las hojas secas aún unidas por su tallo. Las hebras de relajan su forma mientras las nubes de vapor humectan su fragancia. Es este calor húmedo del gaiwan temperado, el que despierta los aromas dulces y ligeramente picantes hasta volverse uno con el ambiente, como quien deja un poco de sí en el infinito de la interperie. Es entonces cuando comenzamos a develar el extraño hallazgo de su naturaleza.

El hecho de que estas aperladas hebras de wulong sean tan distintas a otras, es un verdadero misterio si dejamos de lado el paladar. Basta con aventurarse al primer sorbo para encontrar la esencia que se fundamenta en el gaiwan. Si has probado el té rojo con anterioridad o algunos de los wulong puros de las montañas Wuyishan, sabrás que su relación es muy distinta, pero, Lian A Na nos ha demostrado que estas diferencias bien podrían ser complementarias.


La ligereza del primer sorbo cae en la lengua mientras la garganta se humedece en el cálido vapor de su presencia. Al principio, sabores dulces a frutas maduras en almíbar comienzan empapando la boca en un contexto floral predominante después de sorber; y es realmente entonces cuando uno puede encontrar el equilibrio de aquellos dos mundos que, al estar juntos, nos adentran en lo desconocido, en las posibilidades más allá de la imaginación. Pensar en las diferencias no obstaculiza la experiencia, aunque, llegar al otro lado de la duda, va conjugando el hermoso paisaje a contraparte que nos habla de los pequeños saltamontes que mordisquearon cada hoja con el fin exclusivo de nutrir el equilibrio entre astringencia y dulzura.

Las infusiones ambarinas contienen su vitalidad en mareas de un néctar maduro a durazno que van tomando fuerza a lo largo de su segunda infusión. Al probarlo, la memoria compagina el momento mientras el aromático procesamiento del té rojo cobra sentido en su sabor. Lo interesante viene al interiorizar una bocanada de aire después del primer sorbo, en donde la presencia floral de orquídeas, rosales y jazmines configuran el paisaje que refresca cada uno de nuestros más cautos sentidos.

Existen sorbos de té cosquilleantes, algunos más sedosos, incluso otros tantos más que se relacionan con nosotros adicionales a la sensación que nos puede dejar en boca como Wulong Rojo. El té no escatima en distancias, sino que más bien se convierte en nuestro enlace atemporal hacia la belleza del momento presente y el espacio que habitamos en él.

Sea invierno o verano, primavera u otoño el té es esa apacible compañía que de solo surgir se vuelve afortunada. Mel, con quien pudimos disfrutar de este té desde Hong Kong en las bellas habitaciones de la casa de té Plantation, nos contó de inmediato que la dulzura de este té lo convertía en su favorito por el paraje de las estaciones que le eran recordadas al beber sus dulces sorbos. Pensarlo, nos dejó saber que podemos orillarnos a ciertos sabores de té por su categoría, añada, estación o por la sencilla nostalgia cultural o histórica que nos pudo generar en algún momento que lo transformó todo, pero, beber el té por el placer de beberlo nos permite descubrirlo por completo y encontrar, al fin, el génesis propio del relato contemplativo en el que nos sitúa cada vez.

El mundo del té está abierto para ti, descubre mucho más al inscribirte a nuestra siguiente reunión de Círculo de Té. Forma parte a esta gran comunidad internacional de especialistas y entusiastas en el té de especialidad y disfruta de los beneficios exclusivos.

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