Existen ciertas imágenes en nuestra cabeza que hemos creado a partir de la cultura popular, las películas o lo que hemos escuchado de personas que conocemos. Incluso cuando nunca hemos interactuado con algo de primera mano, hemos construido una idea de cómo se ve, cómo funciona y qué significado puede tener. En el mundo del té, mucho de lo que conocemos se ha construido desde una visión occidental, muy influenciada por la cultura británica, pero también por los prejuicios que podemos tener hacia ciertas culturas o estereotipos, afectado también por todos los detalles que se pierden en las traducciones.
Esto ha llevado a que le demos un peso y una interpretación a ciertos elementos en la cultura del té que pueden estar distorsionados o completamente equivocados, y el caso de la ceremonia de té japonesa no es la excepción. Hoy daremos un recorrido histórico y cultural para tratar de entender, de la mejor manera posible, en qué consiste, cómo ha evolucionado y cómo se ve el día de hoy la ceremonia de té
Un poco de historia
Para entender la historia de la ceremonia de té japonesa primero tenemos que entender cómo llegó el té a Japón y la relación que se estableció con él, porque su llegada no fue solamente una adición de un producto agrícola o de una bebida casual, sino que involucró un intercambio cultural con China que afectó lo religioso, político y social que se vivía en Japón en ese momento.
El primer registro documentado de la presencia de té en Japón fue en el año 815, cuando un monje budista, después de un viaje a China, le sirvió té al emperador Saga. En ese momento, el té se transportaba en ladrillos prensados, según las costumbres de la dinastía Tang, y se hervía. Sin embargo, el consumo de té no se popularizó sino hasta el siglo XII debido a la interrupción de las misiones diplomáticas a China.
La verdadera introducción de Japón al mundo del té sucedió cuando en 1191, el monje budista Eisai regresó de China trayendo semillas de Camellia Sinensis de excelente calidad y la técnica de preparación de la dinastía Song: el mocha. Durante este periodo, el té estuvo profundamente vinculado con el budismo Zen ya que los monjes usaban el té para mantenerse despiertos durante las sesiones de meditación. Poco a poco, el consumo de té empezó a moverse hacia otros sectores como los guerreros o los samuráis y comenzó a usarse en contextos competitivos, como las Tocha, que eran reuniones de té donde se debía distinguir la región de la que provenían los tés que se probaban.
Durante los siglos XII y XVI, el té se volvió sinónimo de estatus. Las reuniones de té se llevaban a cabo en grandes salones donde se usaban accesorios que habían sido importados de China y que servían para demostrar el poder económico de los anfitriones. Sin embargo, surgieron maestros que se oponían a la opulencia y que buscaban regresar el acto de preparar té al plano espiritual, y en esa búsqueda sentaron las bases de la ceremonia de té como la conocemos hoy.
Murata Jukō y su sucesor Takeno Jōō, sentaron las bases de la ceremonia moderna basándose en la idea de que la belleza se encuentra en la simplicidad, lo imperfecto y la trascendencia, quitando el enfoque de lo material y trasladándolo a la interacción humana. Pero, sin duda alguna, la figura más importante en la historia de la ceremonia de té es Sen no Rikyū, quien estableció los cuatro principios que rigen la ceremonia hasta el día de hoy: Wa, Kei, Sei y Jaku.
Los principios de la ceremonia
La ceremonia de té no es solo un espacio para tomar té, es un momento para compartir con las personas que son parte del ritual y para, a través de la práctica de la preparación del té, buscar un despertar de consciencia. A pesar de que la ceremonia y su papel en la sociedad japonesa ha cambiado desde tiempos de Sen no Rikyū, los principios que la rigen son los mismos.
Wa – Armonía
Durante la ceremonia de té todos los elementos involucrados deben estar en perfecta sintonía: los participantes, el anfitrión, los utensilios y el entorno en el que se lleva a cabo. Por eso se hace una elección consciente de cada parte para asegurar que todo se integre y fluya de manera natural.
Kei – Respeto
Este momento contemplativo implica observar y reconocer el valor de las personas y los objetos presentes. Desde apreciar el trabajo de las manos artesanas que crearon un cuenco de té hasta respetar a los invitados por igual, sin importar su rango o título, es parte de un ejercicio de reconocimiento mutuo indispensable para la creación de comunidad.
Sei – Pureza
Hace referencia a la limpieza del espacio y los materiales a usar (incluyendo la boca y las manos), pero también a la limpieza espiritual que sucede al entrar al espacio de la ceremonia y la atención al detalle necesaria para el encuentro. Es una invitación para estar en el presente y dejar fuera todo aquello que nos interrumpe o nos impide concentrarnos en el ahora.
Jaku – Tranquilidad
Es el resultado de la práctica constante de la ceremonia y de los tres principios anteriores. Es la consecuencia de vivir en el presente, de lograr contemplar la realidad a partir de la disciplina de compartir y preparar el té.
Las escuelas de té
Aunque al principio no existía una manera “formal” de estudiar la ceremonia de té, a partir del Periodo Edo se estructuró y formalizó. En ese momento se crearon más de cien escuelas distintas inspiradas en la herencia de Rikyū que se podían dividir en dos categorías: la clase mercantil (que servía a los intereses de los artistas y comerciantes) y la clase guerra (que se adaptaba a la visión política y filosófica de la sociedad samurái).
Al día de hoy, las tres escuelas más grandes y más conocidas descienden de tres nietos de Sen no Rikyū y provienen de la clase mercantil: Urasenke, Omotesenke y Mushakōjisenke.
Urasenke
Su nombre significa “casa Sen trasera” y hace referencia a la ubicación de la casa de té que su fundador, Sen Sōshitsu, tenía en la propiedad familiar. Esta es la escuela más grande y reconocida internacionalmente. Aquí se prioriza la satisfacción de los invitados y se busca que el té tenga una espuma densa y abundante.
Omotesenke
Es la versión más conservadora y fiel a la simplicidad original de la ceremonia. Obtiene su nombre gracias a que la casa de té donde Kōshin Sōsa la fundó estaba al frente de la propiedad de la familia (“casa Sen delantera”). El matcha se bate más ligeramente, dejando el bowl solo parcialmente cubierto por la espuma.
Mushakōjisenke
Fundada por Ichiō Sōshu, obtiene su nombre gracias a la calle donde se encuentra la casa de té. Es la más pequeña de las tres y tiene su enfoque en eliminar los gestos y elementos innecesarios para la ceremonia. Tiene un estilo completamente austero y la espuma del matcha solo cubre parcialmente la superficie.
También existen escuelas de guerreros que han adaptado la ceremonia a las necesidades de la clase militar. Por ejemplo, es protocolo usar la tela para purificar del lado derecho para dejar un espacio simbólico para la katana del lado izquierdo.
Cha do y cha no yu
Aunque muchas personas lo usan de forma intercambiable, el Cha do y el Cha no yu se refieren a diferentes partes del mismo camino: el autoconocimiento y la creación de comunidad a partir del té.
Cha no yu
Traducido literalmente como “agua caliente para el té”, se refiere únicamente a la acción literal de preparar el té. Este se enfoca en el acto de la preparación, las herramientas necesarias para hacerlo y los pasos a seguir que forman el ritual. Este ejercicio se hace para las otras personas, para que beban y gocen del té y de los accesorios usados para prepararlo. En el Cha no yu siempre existe un elemento de performance, de ser la persona en quien se enfoca toda la atención.
Cha do
Significa “El camino del té” y se refiere a la parte filosófica y espiritual de la preparación del té. Aquí se pone el foco en el significado de cada elemento y lo que se comparte en cada taza de té. A pesar de que la ceremonia puede verse demasiado enfocada en la forma y no en el fondo, es importante saber que en la cultura japonesa la forma ES el fondo: el significado se encuentra en lo qué se hace y cómo se hace. Esta es la parte esencial de la ceremonia, ya que dota el preparar, compartir y beber té de una intención específica que, si bien no es religiosa, sí puede ser espiritual o psicológica.
El ritual
Dependiendo del tiempo disponible y del nivel de formalidad deseado, existen diferentes formatos de la ceremonia que pueden usarse.
Chakai
Es una “reunión de té” breve y menos formal que la ceremonia completa. En estas reuniones se bebe usucha y se acompaña de un dulce japonés llamado wagashi. Este formato es ideal para eventos culturales y demostraciones públicas ya que muestra el sentido general de la ceremonia pero se adapta a los espacios y tiempos de las personas.
Chaji
Esta es la versión completa de la ceremonia de té, en ella se siguen todos los pasos que históricamente se han establecido para este encuentro y se hace con calma, por lo cual puede llegar a durar hasta cuatro horas. En este evento, se sirve una comida de varios tiempos que prepara el estómago para beber el matcha; después, en el momento más esperado del encuentro, se sirve el koicha que puede servirse y beberse por hasta 30 minutos. Por último, se sirve usucha para cerrar el evento.
En esta reunión cada paso está pensado y lleno de significado, pero podríamos resumir la ceremonia en los siguientes puntos:
1. Preparación y purificación
Antes de la llegada de los invitados, el anfitrión limpia la sala de té y el jardín para recibirles en las mejores condiciones. Los invitados lavan sus manos y su boca antes de entrar a la sala para limpiarse y dejar fuera las preocupaciones y distracciones.
2. Entrada a la sala
Los invitados entran por una puerta pequeña y, una vez dentro, se arrodillan para admirar el pergamino caligráfico y el arreglo floral que fueron elegidos por el anfitrión.
3. Servicio y degustación
El anfitrión servirá diferentes platillos tradicionales japoneses, generalmente preparados con ingredientes de temporada. Durante este ritual, el anfitrión está completamente dedicado a la atención a sus invitados, por lo que no come ni bebe nada en esta interacción, excepto durante un momento en el cual se sirve sake y todos, invitados y anfitrión, beben del mismo plato, creando un vínculo entre los participantes.
4. Temae
Se le llama Temae al ejercicio coreográfico de preparar el té. Durante este momento, el anfitrión purifica el chawan (bowl de té) y el chashaku (cuchara para té) frente a los invitados con un pañuelo llamado fukusa. Después, preparará el matcha usando un chasen (batidor de té) de bambú y buscando la consistencia deseada dependiendo de la escuela. Una vez listo, pasará el chawan al invitado más importante y al resto de los invitados para que todos puedan probar el té. Esto se repetirá hasta que los invitados estén satisfechos con la cantidad de té.
5. Apreciación y despedida
Los invitados inspeccionan los utensilios de la ceremonia para admirar su belleza y trabajo de artesanía. Después, se retiran del espacio dando cierre al encuentro.
La trascendencia en el servicio
Aprender a llevar a cabo una ceremonia de té no es cosa fácil, requiere de constante entrenamiento, atención al detalle y compromiso con los invitados, pero también con el propio ritual que se lleva a cabo. Los estudiantes de ceremonia tienen largas sesiones de trabajo enfocándose en los diferentes procesos necesarios para preparar el té.
La práctica es tan constante y precisa que se hace hasta que los estudiantes crean memoria muscular y son capaces de automatizar los procesos sin pesar en cada elemento individual, eso les permite estar presentes en el momento sin distraerse. El maestro que acompaña debe corregir los movimientos, la forma, la secuencia y el acomodo de cada utensilio.
Pero la parte ténica del cha no yu no es suficiente, es necesaria la disciplina para el estudio y la práctica constante. A partir de la repetición de formas y patrones, se alcanza una maestría en el control del cuerpo, la mente y el espíritu que pueden llevar a un despertar de consciencia.
La ceremonia de té hoy
Desde tiempos de Sen no Rikyū la ceremonia ha cambiado para adaptarse a las necesidades modernas. Durante el siglo XIX hubo un esfuerzo nacional por separarse de la cultura china y consolidar la identidad cultural japonesa. En ese contexto, la ceremonia de té se elevó para ser un símbolo de la identidad japonesa.
Este vínculo entre la identidad y la ceremonia despertó un interés académico que implicaba estudiar y enseñar la forma de la ceremonia, pero también su significado espiritual, de una forma estructurada y replicable. Otra forma en la que la ceremonia se ha transformado es que, en este momento, cualquier persona interesada (hombre o mujer) puede acercarse a aprender sobre ella y no solo las personas poderosas.
En las últimas décadas, en occidente ha crecido la fascinación por la cultura japonesa, lo cual ha llevado a que cada vez más personas consuman sus historias, su arte y su matcha. En ese intercambio cultural, se ha malentendido la ceremonia de té y muchas personas nombran así a cualquier momento en el que se prepara el matcha.
Por eso, es importante entender el trasfondo de la ceremonia de té japonesa, las intenciones de cada elemento y lo que busca transmitirle a la gente. Beber matcha fuera de las ceremonias o en contextos de otra naturaleza no está mal ni le quita importancia a la experiencia, pero nombrar “ceremonia” algo que no lo es diluye el valor cultural de una práctica que se ha perfeccionado por años.
En nuestra búsqueda de experiencias auténticas, pongamos atención en lo que consumimos, cómo lo nombramos y la forma en la que nos relacionamos con una cultura que tiene historia, filosofía e intenciones de fondo.
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